Ficción

Animalia, las excentricidades del reino

Guillermo Tovar


Animalia del veracruzano Rafael Toriz (Xalapa, 1983), tiene como eje el bestiario de Konrad Gesner, la historia animalium, y el aberdeen, el llamado del fisiólogo y otros de carácter anónimo, como La arena.

Aunque el imprescindible bestiario de Borges, Zoología fantástica y Bestiario de Julio Cortázar no son la fuente de su creación, como sucede con la mayoría de las búsquedas literarias de la segunda mitad del siglo XX, Toriz dice que “no se puede hacer a un lado”.

Para Toriz Animalia es un conjunto de “estancias lingüísticas”, pues en el habitan la “prosa poética, el ensayo, reflexiones y arrebatos líricos”, “por eso me gusta verlo como estancias del lenguaje”.

A continuación ofrecemos una selección de sus zoologías linguísticas acompañadas de los memorables dibujos de Edgar Cano.

LEFANTE

Junto con las ballenas grises y algunas tortugas dispersas, el es quien resguarda la memoria de la Tierra. Su papel dentro del reino ha sido el de testimoniar el paso de los seres en su acontecer por el planeta. Él conoce el nombre y la historia de todo lo que vuela, rapta o camina; de lo que mata, aligera y envenena: de lo que es y que jamás será.

Noble y justo, el gigante de gruesa piel es pura misericordia. Mantiene el equilibrio entre las especies y su único enemigo, según las mitologías, es el dragón de la mañana.

Herbívoro confeso y juguetón cuando joven, posee una memoria prodigiosa que ensancha su tristeza cuando viejo.

El paquidermo es sabio porque honra su pasado y elige el momento de su muerte. El animal de los marfiles es constructor de cementerios.

Nadie lo dijo nunca –la cría de la esperanza se ahogó en su propio vientre-, pero es deseable suponer que en una vida nueva, más allá de las palabras, despertaremos elefantes.



AGNAROK

“Hecatombe” es la palabra precisa para describir la naturaleza del ragnarok. Este animal, nacido hace siglos en las estepas escandinavas., es una mezcla de pulpo, serpiente y metáfora con rostro difuso. Es mortífero y profundamente agresivo.

Hasta ahora todo lo que de él se conoce es por rumores fugitivos de los bosques de los tiempos. Se sospecha que su sola mirada es suficiente para cancerar el alma y emponzoñar los recuerdos.

Debido a que se trata de un animal oscuro, la disciplina que le ha dedicado mayor atención a sus apariciones es la criptozoología, ese tejido entre la adivinación y la magia.

Alguien ha escrito que el ragnarok será el último animal sobre la Tierra.

Tristezas muy antiguas cuentan que su bramido es similar al de las mujeres que entierran a sus hijos.



ACACO MIRIQUÍ

Macaco: musitas, mientes, murmuras melifluo mostrando molares. Mientras mucho masculles más modelas mi memoria. Miras menudencias, mantienes múltiples malabares, multiplicas monos mientras moras mi mundo. Mejor, mientras mantengas momentos memorables (maravillosos) mantendremos moderados mares, moluscos minúsculos, manifiestos malthusianistas. Mirando minuciosamente, mientras mucho masculles, mejor mundo moramos.



OLOESCUINTLE

Elegante y de faraónica mirada, el xoloescuintle es un perro oriundo de la Republica Mexicana.

Fiel acompañante de múltiples pueblos prehispánicos, en la antigüedad era considerado un suculento manjar, costumbre que ha llegado hasta nuestros días gracias a los tacos callejeros y los perros despistados.

Debido a su instinto protector y fraternal, el xoloescuintle era utilizado por los antiguos moradores de esta tierra como guía para el viaje a través del Mictlán, tierra de los muertos de la cosmogonía azteca enseñoreada por Mictlantecuhtli.

El xoloescuintle es un perro sin pelo aunque ocasionalmente, debido a los caprichos de la genética, pueden nacer cachorros peludos.

Pese a lo que podría sostener Isidoro en sus Etimologías, o precisamente por ello, xoloescuintle se escribe con x.



LEBRIJE

El alebrije perfecto es un aforismo discreto.



A IGUANA

Ser conciencia en un cuerpo de sangre fría tiene sus ventajas. Una puede establecer monólogos interiores escribir frases cortas aprehender reminiscencias vagas vestir sombras elípticas y suprimir las comas.

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Ser una iguana tiene también su mérito, un vetusto pedigrí que no obedece al grado académico (aquí no hay pasantes, ni licenciados maestros o doctores), nos vasta ser descendientes directos del extinto iguanadón y primas terceras del camaleón abigarrado. Sólo somos y ya, sin barullos metafísicos.

Se es una iguana con conciencia y todo se dice salvo en contados silencios de corchea o en eclipses totales de sol, pero lo verdaderamente importante es que sólo una sabe , en su interior, de que lado se masca la vida.



L COCODRILO

Aquí, en estas letras y sitiado en mi epidermis, declaro que no es de roca mi textura. Al igual que los hombres, mi cuerpo se torna de primer y último umbral de la significación. Es un sexto sentido que ilusamente Daphne Soares (desconozco si es pariente de Bernardo) intenta patentizar; además se equivoca, los sensores de mi piel (DPR) no sólo sirven para la caza: también emiten en las noches bellas –en las aguas mansas- delgada música de cámara para acompañar el llanto. Esos receptores hipersensibles, diseminados por cuerpo y rostro, son en realidad la llave que derrumba toda puerta perceptiva (Merleau-Ponty nunca tuvo mis noticias): esas manchas son el infinito contenido en un animal esplendoroso.



AGUAR

Cuentan los naturistas –pero Plinio sabe más- que de todos los felinos posibles, el único que le queda grande su gabán es el jaguar. Su piel es infinita pero su esqueleto es un hechizo de huesos de ocelote, lince, chita, tigre y leopardo. De allí su robusta perspectiva.

El jaguar al poseer la fuerza de todos sus agnados y ser un vestigio de escritura, es el dios del universo. El jaguar, en su perfección, da luz a las estrellas de la jungla de la noche.

Pueblos muy antiguos, perdidos en el tiempo, viajaron sobre su lomo para cruzar de madrugada los países de los muertos. El jaguar era también el destructor de cosmogonías, el fulgor de la mañana y el más oscuro de los soles. Se sabe por escrito que un día volverá para beberse nuestra sangre y fundar un nuevo hombre con los cuerpos corrompidos.

Pese a los que se piensa, el jaguar es un animal múltiple y preciso. Si se le mira con sigilo, justo antes de atacar, es posible distinguir el contorno de su ausencia, su tiniebla inmaculada: aparece la pantera.



ARIPOSA DE OBSIDIANA

También conocida como iztapapálotl o rothschilda Orizaba, la mariposa de obsidiana fue siempre el ojo sin parpado de la noche.

Livianísima y pesada como la culpa y el suspiro, en otros tiempos (antes de extinguirse) fue venerada como diosa de la guerra, del parto y de la tristeza. La mariposa de obsidiana era un animal melancólico de aterradora belleza que nacía en la garra de los jaguares y moría ineluctablemente en la boca de los ancianos.

Pese a su fragilidad metafísica, mucho tiempo se utilizó en su forma cristalizada –la dureza de su mirada quebrantaría cualquier diamante- para encabezar lanzas y flechas, como pedernal para extraer corazones y como azaroso juguete para el disfrute de los ociosos.

Animal contradictorio, su único alimento era el fuego y la derrota.

Algunos sostienen que su espíritu es visible en las madrugadas para los gatos callejeros y los ojos de los insomnes, quienes aseguran que la mariposa de obsidiana se posa en el sexo de las mujeres y desde ahí resplandece infinita con toda su majestad y su gloria.



RATILO

Si un animal vivió conflictos insondables debido a su naturaleza cambiante y engañosa y que en ningún momento de su existencia, según el Aberdeen Bestiary, dejaba de mutar, ese era el cratilo.

A medio camino entre el ave y el reptil, si hemos de atender las notas del Fisiólogo, algunas opiniones de Fournival y sobre todo las observaciones aristotélicas contenidas en la Historia Animalium, podemos asegurar que el cratilo fue descendiente directo del archaeopterix y tatarabuelo indudable del avestruz y el kiwi.

En mi opinión, que no tiene mayor fundamento que la belleza del relámpago, el cratilo era un dinosaurio retórico y esa capacidad natural cifraría su desgracia y posterior desaparición. El cratilo, como el lenguaje, era un ser destinado a mudar la piel en cualquier clima y en cualquier época del año; un saurio enorme y poderosísimo pero a la vez frágil y evanescente como los juntos o la niebla.

Se sabe que hablaba la lengua de los hombres, los árboles y los pájaros, y que nunca pudo responder si los nombres de las cosas respondían a su forma, es decir, si imitaban a la cosa, o si por el contrario eran una convención arbitraria y por lo tanto moral y falible.

Fiel a su idea de la imposibilidad de bañarse dos veces en el mismo río –de hecho consideraba imposible, por la naturaleza de su organismo, bañarse siquiera una vez en un hipotético río- el cratilo era un animal desprovisto de vejiga natatoria.

Los últimos individuos de esta especie nacieron mudos y se extinguieron a causa de la locura.



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