Ficción

Espejos de arena y sal

Espejos

I

Calculo minuciosamente las posibilidades de caber en él. De frente, miro y me doy vuelta de cuando en cuando, para encontrar el rincón perfecto, asomarme dentro, sacar la cabeza del otro lado y mirarme desde ahí. En un momento dado, doy cuenta que en realidad estoy en el sitio contrario, buscando la salida como un perro en persecución eterna de su rabo. Me cuesta seguir en círculos, pero también veo que en realidad ésa era su intención al llamarme esta mañana. Y ahí, en esa pequeña cárcel de reflejos, llevo minutos incontables, que son ninguno, pues en el reloj el minutero está en el mismo lugar de antes.

II


Cesan los golpes secos sobre la puerta. Acerco la vista al pequeño agujero en mitad de ella y veo un rostro alargado, irreconocible, mirando por el mismo agujero. Parpadeamos al mismo tiempo, nos rascamos la cabeza al unísono. Sé que la figura al otro lado de la puerta no puede verme, pero la sensación de vernos es tan real y onírica que un cierto escalofrío sacude la piel. No me atrevo a abrirle la puerta, me da miedo que al hacerlo me vea entrar a mí mismo y no pueda negarme la entrada.


III

He dejado de caminar al ritmo de las canciones de mi abuelo. Ahora lo hago tarareando en silencio una melodía recogida camino a la oficina esta mañana. Parece que salía de una de tantas ventanas que pueblan esta ciudad como ojos en la noche del bosque, y se me hizo tan casualmente agradable, que la adopté e hice mía sin haberla escuchado antes. Al pasar de los días, seguramente la melodía cambiará y la vestiré de colores nuevos, hasta que pasado un tiempo la reconozca como una de las canciones del abuelo.

Instituto Queretano de la Cultura y las Artes
Colección Pan del día
2006
59 pp



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