FIGURAS DE LA LETRA

David Ojeda, semillero de las letras en San Luis Potosí

Guillermo Tovar

Las letras en San Luis Potosí, como en varios estados de la república mexicana, han luchado contra el centralismo de la literatura en la ciudad de México. Sin embargo hay quienes han tratado de enaltecer la labor de los escritores publicando sus obras, ya sea de manera independiente o con el apoyo que destinan los institutos culturales de la entidad.



Por iniciativa del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en la primera mitad de la década de los cincuenta proliferaron los talleres de creación literaria al interior del país. Derivado de algunos galardones otorgados a las primeras generaciones de narradores de San Luis la demanda del taller aumentó y las letras se siguieron nutriendo de nuevos autores en el estado.

Así David Ojeda, narrador, editor y periodista potosino, desde la instauración de los talleres de creación literaria al interior del país ha cultivado las letras, primero entre los de su generación y después como forjador de nuevas voces de escritores en su estado y en varias regiones más de la periferia.

Por otra parte los esfuerzos literarios no se limitan a la instrucción y formación de los nuevos creadores. Mención merece el trabajo editorial que, desde la Casa del poeta Ramón López Velarde de San Luis Potosí, Ojeda forjó con la editorial Ponciano Arriaga donde publicó más de un centenar de libros de autores potosinos.

En esta travesía el también autor de El hijo del coronel, en entrevista comentó, “hasta la fecha he publicado y gestionado la publicación de un centenar de libros en general y de muchos de mis alumnos de talleres”.

Los frutos recientes que ha recogido del taller Miguel Donoso Pareja son la publicación de siete libros de narrativa y poesía entre los que destacan, por su reciente aparición, Relatos urbanos de Violeta García y Grimorio de Roberto Colis, publicados por el H. Ayuntamiento de San Luis Potosí.

Ojeda considera que los intereses de lo nuevos escritores están signados más por su contexto que por algún compromiso impulsado por alguna causa social o al afinidad de ideales con determinada clase política. En cambio “en mis años era impensable que jóvenes escritores no militaran en ningún partido o que no fueran lo suficientemente de izquierda”.

En las siguientes líneas David Ojeda comparte con los lectores de Excéntricaonline los pormenores de la vida literaria en San Luis Potosí, las virtudes que ve en un aspirante a escritor, además de las carencias con que se enfrentan todos aquellos que quieren hacer libros y gestar las letras.

-¿Cuáles son los inicios del taller que se lleva acabo en el Museo Francisco Javier Cossío de San Luis Potosí?
-En 1974 la gente desconocía qué era un taller literario. Había sociedades literarias, que eran una serie de agrupaciones de jóvenes realmente cursis y desinfórmales, pero respecto a los grandes centros de trabajo literario nada.

Destacaban publicaciones importantes donde colaboraba Juan José Arreola, además de los talleres institucionales del INBA coordinado por Tito de Monterroso aunado al de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En el interior del país nada.

Como el INBA era la gran institución nacional de cultura comenzaron a salir de la zona centro-occidente de la que forma parte San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas, ciudad Juárez, entre otros estados de la república.

Para esa fecha, entre las instituciones culturales de la zona, se lanzó la propuesta de crear talleres literarios al interior. El que entonces era el director de la Casa de Cultura de San Luis, fue quien llevó al Museo Francisco Javier Cossio el primer taller literario. Luego se le encomendó gestionar la creación del Centro de Investigaciones Estéticas y quedó inconcluso el taller.

Posteriormente con la postulación de Óscar Elías como coordinador de Literatura del INBA, se pensó que Alejandro Aura iba a ser quien impartiría el taller; incluso por su militancia.

Pioneros y primeros premios

En mayo de 1974 entramos al taller varios autores potosinos. Para el año de 1975 derivado de algunos festivales algunos escritores ganamos diversas distinciones. En ese año obtuve el Premio Punto de Partida de cuento; posteriormente en 1976 Ignacio Betancourt ganó el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí; el año siguiente lo ganó Alberto Huerta; en el setenta y ocho gané también el premio Casa de las Américas de cuento. Gracias a estos primeros galardones el taller se posicionó muy bien; de pronto hubo mucha gente en el centro de la capital de San Luis y comenzamos a publicar los libros frutos del taller literario.

En 1976 publicamos un libro mío que ganó mención en el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí, galardón que fue entregado a Betancourt y gracias a esa experiencia se pensó por primera vez en crear un sistema nacional de creadores.

A partir de 1976-1977 comenzó a funcionar el sistema nacional de talleres al interior del país. Siendo todavía un muchacho me pidieron coordinar algunos talleres; desde ahí he coordinado varios talleres, la mayor parte auspiciados por el INBA en diferentes ciudades del país.

He estado en las Casas de Cultura de Aguascalientes, Puebla, Nuevo León, Saltillo, Torreón, Monterrey; varios años coordiné los talleres en la Universidad Autónoma de Zacatecas y el taller Miguel Donoso que actualmente coordino en San Luis Potosí.

Fondo editorial del taller

En los talleres he tenido la oportunidad de notar de inmediato a la gente que más destaca. En este proceso descubrí que no quería ser nada más el maestro de aspirantes a escritores y convertí el taller en una especie de fondo editorial en el que, quien no publicara no iba a ser reconocido. Un joven escritor no se reconoce como tal hasta que no publica un libro.

Para lograr las publicaciones comencé a tocar puertas de diversas instituciones para convencerlos de que la publicación es importante. Así, hasta la fecha he publicado y gestionado la publicación de un centenar de libros en general y de muchos de mis alumnos de talleres.

El primer libro que publiqué fue uno de cuentos y los primeros autores fueron, entre otros, Miguel Ángel Chávez auque no es el único, hay muchos más de los ahora ya no tan jóvenes que publiqué en pequeñas iniciativas editoriales y que han sido coordinados por instituciones en la medida en que han brindado los apoyos.

Carencias de la educación básica

-¿Pulir la creación en las nuevas generaciones de escritores se ha complicado debido a la carencia de una escuela formal de letras en San Luis Potosí?
-Esta pregunta se puede responder desde diversos puntos de vista, porque tiene varias aristas. Considero que el país padece una creciente deficiencia educativa que arranca desde los primeros años, esto hace que los jóvenes aspirantes a escritores tengan que esforzarse más y leer más cuando ya están escribiendo y tienen talento, porque el talento no se inventa.

Hay gente que tiene talento pero nunca tuvo una persona que lo instruyera en la ortografía, por eso llegan con muchas deficiencias en ese sentido. Cada vez me desespero más por esas cuestiones pero he optado por señalar a los alumnos que no soy corrector de estilo y les sugiero libros que tienen que leer, para estudiar, para hacerse una corrección escrita mínima, para poder escribir bien; porque no puede haber un buen escritor que no sepa acentuar.

La ortografía y la gramática son un asunto, pero el talento es una cuestión aparte. Hay que diferenciar quién tiene talento y quién no, e impulsar a quienes sí lo tienen y apoyar más a aquellos que comienzan a desarrollarlo.

Los tres tópicos que tiene que cumplir el taller son: enseñar a leer, a escribir con corrección y saber potenciar el talento y la innovación, además de ofrecer una serie de lecturas críticas que les ayudan a los jóvenes autores a enterarse de muchas cosas. Otro asunto importante es que la sociedad contemporánea está produciendo cada vez a más jóvenes escritores a granel, aspirantes a creadores, de diferentes edades, carentes de sentido crítico ante sus fobias sociales.

Aunque eso es lo que más me ha preocupado en los años que tengo como escritor y como creador de cuento en el sistema del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en el área de jóvenes creadores, sigo notando que entre los grupos de creadores hay una especie de apatía social.

Existe indiferencia ante cuestiones como la solidaridad, la atención que merece el sistema cultural. Cada vez son más y más arrogantes los creadores que escriben sobre París y Nueva York. Considero que los nuevos creadores sienten pena de escribir sobre su cultura. Lo que representa una labor difícil es sensibilizar a los jóvenes respecto a su cultura sin que te tomen a broma. Cómo les dices que lo que está pasando en el país es grave para que se interesen o cómo poder cuestionarlos respecto a su postura ante la pobreza o si militan con algún partido. En mis años era impensable que jóvenes escritores no militaran en ningún partido o que no fueran lo suficientemente de izquierda.

-En ese sentido, ¿considera que los intereses de los nuevos escritores responden a un orden generacional?
-Son corrientes más que generaciones y toda corriente nace acunada e iluminada por una etapa o un proceso histórico. En las corrientes en boga; no las generaciones porque no creo en las generaciones, creo en grupos de jóvenes ligados por la edad pero sobre todo por la comunidad cultural; hay un desencanto que tiene que ver con el desarrollo de la sociedad y con el proceso que vive el mundo contemporáneo.

Ese desencanto se vuelca necesariamente en el hedonismo. Los jóvenes ahora prefieren el gozo y el placer más que el rigor del estudio y la disciplina, por eso me he ganado la fama de ser un coordinador gruñón, porque si no son disciplinados no valen la pena. Aunque me he ganado esa fama, también me he dado cuenta de que los jóvenes autores son totalmente apáticos y desinteresados y aunque escriben sus textos o procuran escribir libros y darle salida editorial, también buscan irse de fiesta con sus amigos, procuran ligarse con un grupo de escritores afines a ellos, procuran datos culturales sobre música, cine, literatura, revistas y medios pero no están angustiados por la historiografía ni tienen compromiso social en términos generales. Por supuesto que hay muchas opciones pero eso me hace extrañar ciertas épocas en las que los escritores tenían que convivir con gente de izquierda, estar informados y comprometidos.

Actualmente he conocido gente que me refiere su partido político y no dice nada más. Al final de cuentas este signo tiene que cambiar porque sino en algún momento en el país se va a desatar una violencia terrible, que incluso no va a ser fácil de terminar porque en su momento las mayorías van a exigir cuentas a quienes tienen las manos metidas en las arcas nacionales y los negocios que corresponden a los ciudadanos.

No es difícil darse cuenta dónde aflora el talento y dónde no lo hay

-¿Cuáles son las consideraciones que toma para que los jóvenes puedan participar en el taller?, es decir, ¿cuál debe ser su carácter para poder continuar con una carrera literaria?
-Con cierta frecuencia llega alguien nuevo y me refiere que quiere integrarse al taller, le sugiero que en ese momento se vaya a su casa y que la siguiente semana regrese el mismo día y a la misma hora. Si no escribe y quiere escribir le digo que ese lugar no es para él, si escribe le solicito uno de sus primeros textos y el más reciente.

En primer lugar si no regresan se auto eliminan, si regresan dos semanas después también porque ahí demuestran su interés, pero si regresan el día acordado reviso sus textos con cuidado. No es difícil darse cuenta dónde aflora el talento y dónde no lo hay.

Si el texto está plagado de lugares comunes, clichés y la ortografía es pésima, de entrada les digo que no. Posteriormente pondero los textos si veo que hay algún talento lo hago batallar porque dos o tres sesiones después leemos sus textos en clase y tienen que aguantar la crítica. Hay muchos que no aguantan, los que aguantan y se ve que mejoran después de eso, son gente que tiene potencial para seguir escribiendo. Ha habido pocos casos que desde el principio aflora el talento.

Otro requisito es no pasar de cierta edad porque después de determina edad la gente se hace de ideas firmes que generalmente son prejuicios que no lo dejan cambiar. En el taller, como todo proceso de formación, se aprende deshaciendo, es decir, tú aprendes a caminar cuando desaprendes a gatear, aprendes a correr luego que aprendiste a caminar; una de las cosas que recalco en el taller es que todos pueden hacer lo que quieran siempre y cuando lo hagan bien, si está bien hecho todos lo notamos. Generalmente en el taller se practica una crítica combinada porque primero es impresionista, me gustó o no, luego pasa a una crítica más formal, con motivos, y a veces a una crítica sociológica.

Para eso en las clases promuevo lecturas de autores importantes en el terreno de la lengua. Recomiendo por formación autores del formalismo ruso, además con diversos autores más brindo las herramientas necesarias para que los alumnos puedan apreciar casi cualquier texto.

Como coordinador de taller no puedo casarme con un criterio por encima de los demás. En un taller hace falta conocer la crítica psicologista, la crítica del formalismo ruso, hace falta, conocer la neología y muchas cosas más pero uno debe tener cuidado de no usar ninguna de esas herramientas críticas como un esquema aplicable a todos los textos.

Si se lee el Túnel de Ernesto Sábato, sabrás que lo que se necesita es un enfoque psicologista de la novela; si se lee a Thelman Rustle sabrás que se necesita otro enfoque crítico al respecto, entonces para los talleres cada texto exige su aproximación. No nos podemos aproximar igual a todos los textos.

Nuevos autores potosinos

-El trabajo editorial y las nuevas ediciones que surgen del taller a la fecha se han publicado siete títulos, pero ¿cuáles son los medios que emplean para difundir los libros de los jóvenes creadores?
-Esa labor tiene que ver con las instituciones. Mi trabajo dentro del taller es ser coordinador de los muchachos, ser su amigo y colega y gestor editorial. Cabildear y ver cualquier resquicio donde pueda entrar primero con un pie para después impulsar las publicaciones ahí me meto, después de eso depende del medio y de los propios autores.

Los autores tienen que buscar oportunidades para ser conocidos, oportunidades de formación, publicación; por mi parte cumplo con impulsarlos con un primer libro. Más allá de eso he sido gestor editorial aquí en San Luis por mucho tiempo de suplementos culturales, columnas, colecciones regionales, además he rescatado autores potosinos ya muertos que están en el olvido y veo la manera de publicar nueva obra de estos personajes.

Para lograr las publicaciones, ya que a mí nunca me ha gustado tener horarios ni cargos públicos, me he apoyado en gente que tiene el cargo y que quiere ayudar y apoyar los proyectos. Es decir, si hay gente interesada en invitar a los nuevos autores veo la manera de llevarlos.

En el caso de la colección Nuevos autores potosinos, gracias a que mi pareja, Laura Elena González, es directora de Cultura del Ayuntamiento de San Luis Potosí hemos tenido la oportunidad de publicar libros; antes el Ayuntamiento hacía puras tonterías

Esta labor la hemos cultivado desde la casa editorial Ponciano Arriaga en la década de los noventa, época en la que publicamos alrededor de 300 libros extraordinarios. Una anécdota de esos años es que el gobernador en turno me pidió que me hiciera cargo del entonces Instituto de Cultura, como no accedí por mi falta de disponibilidad por los horarios me pidió que recomendara a alguien y sugerí a Eudoro Fonseca; durante esos años fui a tocar la puerta de un funcionario en ese sexenio del PRI y la Casa del poeta López Velarde, que fue mi idea y por eso Laura Elena fue la primera directora, le pedí el consentimiento para comenzar a editar libros y lo hicimos, por eso publicamos tantos libros bajo el sello editorial Ponciano Arriaga.

Al año siguiente el presidente del Instituto de Cultura redujo a la mitad el número de publicaciones. Laura y yo no estuvimos de acuerdo, pero los apoyos los gestionan desde el gobierno, luego el Instituto de Cultura hasta llegar a la Casa López Velarde. Ya no pudimos hacer nada. A la fecha el Instituto de Cultura, que ahora es Secretaría de Cultura, no ha tenido una labor editorial constante, los mejores diez libros de poesía que se han publicado en San Luis los hemos publicado Laura y yo con el Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes (Conaculta), que tampoco quiere decir que sean muchos. Hemos publicado en total diez títulos de jóvenes poetas del interior de la república.

Taller Miguel Donoso Pareja

-¿Cuáles son las consideraciones que se toman para poder publicar un libro resultado del taller de creación literaria?
-Yo decido, aunque no autoritariamente, fundándome en cosas primordiales como: en primera, no es lo mismo escribir cuentos que ver que el autor que escribe cuento está pensando en un libro, es decir, esos cuentos tienen como finalidad la publicación de un libro. Por otro lado hay que distinguir que sean cuentos importantes, bien hechos, bien escritos, que sea un autor que tiene el oficio de escritor. En el taller propongo a quienes pueden merecer la publicación de un libro y de ellos depende el compilar los textos que mantengan una línea para su publicación.

-¿Se ha contemplado a la dramaturgia dentro del taller?
-Han llegado al taller algunas personas de teatro pero en la mayoría de los casos su obra es, a mi parecer, muy hueca. Considero que la obra de teatro existe sólo en la escena y que el texto no existe en el aire. El texto existe en la escena saliendo de la boca del personaje, de los propios actores.

Por otra parte si se hace un texto crecido, mamón, que es más clasista que literario, en una lectura evidencia más sus deficiencias que sus virtudes. Sin embargo, si en una buena puesta en escena el director en vez de mostrar al personaje pesado lo hace caricaturesco en lugar de sangrón, el texto es valioso, como el caso de los personajes de Emilio Carballido.

Por eso no creo mucho en el teatro, aunque sí puedo ver un texto de dramaturgia y notar sus problemas y sugerir algunos ajustes, sin embargo, al taller no ha llegado ningún texto notable, aunque si llegara alguien que con su texto ofreciera calidad de primera, desde luego que lo revisaríamos.

-¿Cuáles son los temas sobre los que las nuevas generaciones están escribiendo?
-Hay muchas voces y tesituras de intereses temáticos. Considero que los temas, y esto es un lugar común en los escritores, nunca dejarán de ser los mismos. Lo que evoluciona es el tratamiento de los temas, es decir, los temas se tratan de manera distinta en la medida en que hay sensibilidades distintas. Sensibilidades que son propias de su tiempo y que saben acercarse al tema de la muerte desde una perspectiva que antes no se había abordado, que no lo creo; hay que estar atento en varios aspectos.

Primero, se debe considerar una corrección mínima como lenguaje; en segundo lugar, una estructura formal que no tenga problemas, si es cuento pues tiene que ser un cuento, no esquemático pero que en fondo sea un cuento; en tercer lugar, que tenga sentido crítico aunque sea mínimo, ante la sociedad, el tiempo, el tema y la idea, porque si no hay eso tampoco hay creación y por último originalidad, que no nace de la noche a la mañana porque aprendemos desaprendiendo. Hay jóvenes que llegan al taller y escriben poesía decimonónica y que en cuanto los incentivas se sueltan y comienzan a crear con mayor calidad.

También es invaluable el sentido del humor porque generalmente la gente muy hosca estorba en un taller; si no tienes sentido del humor en primer lugar, no aguantas la crítica. Posteriormente se necesita mucha disciplina para poder leer y escribir, porque uno no se puede catalogar como escritor sino lee por lo menos una hora, sino sabes leer bien, además de reconocer lo que se debe de leer, cosa que no se descubre hasta haber leído lo suficiente. Escribir se aprende escribiendo.

-¿Qué virtudes y defectos encuentra en los dos nuevos títulos publicados resultado del taller?
-La virtud de Relatos urbanos de Violeta García radica en recrear con mucha autenticidad un mundo nocturno donde los jóvenes andan azotando calles y dejando sus referencias; esa me parece que es una de sus virtudes más auténticas; convincente, nutrido de una mirada luminosa, conmovedora. Creo que su gran defecto es que por el tema parece que se encuentra lo mismo en cada cuento.

En cuanto al libro de Roberto Colis, Grimorio, creo que su principal virtud es que es un libro muy cuidado en el aspecto del lenguaje, con desenlaces muy aproximados en casi todos los cuentos. Colis es un joven que escribe con la mayor puntualidad hasta donde puede; sus textos, generalmente cuentos, en cuestión formal son casi impecables aunque a veces fallen en su estructura porque a la anécdota le falta o le sobra y a la parte central del cuento le da un mal inicio

El principal defecto del libro radica en que es muy corto, lo que debió de haber hecho es hacer del libro un trabajo más gordo y convincente. Es un libro que va muy rápido y que de pronto se acaba, sin embargo el libro es bueno porque dice lo que quiere decir, juega con lo que quiere jugar y además cuenta con episodios sorpresivos.

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