FIGURAS DE LA LETRA

Entrevista a Víctor Hugo Rascón Banda

En esta entrevista a Víctor Hugo Rascón Banda, uno de los grandes del teatro mexicano se desvelan sus primeros pasos por las puestas en escena, su pasión por la dramaturgia, por el cine. Revela sus varias facetas: el de dramaturgo, el de abogado y promotor cultural. A través de una charla sutilmente hilvanada Elda García nos muestra a un hombre tras bambalinas. (Elvia Alaniz Ontiveros)

Elda García

En una mañana de octubre, dentro de las oficinas de la Sociedad General de Escritores de México, se presentó como con una sonrisa afable, traje oscuro y una camisa azul. En su infancia le decían “Victorio”, pero a sus 57 años todos le llaman Víctor Hugo Rascón Banda. Actualmente es Presidente de la SOGEM y también Vicepresidente de la Confederación Internacional de las Sociedades de Autores, cargos que maneja sin descuidar su ocupación como dramaturgo.

En su juventud conoció por accidente lo que es el teatro profesional y desde entonces ha escrito 54 obras. Sin embargo, las dificultades que representa montar una obra lo han hecho decidir en múltiples ocasiones abandonar la dramaturgia, pero enseguida que supera la mala experiencia, la creación teatral lo seduce otra vez.

Posee un rigor incuestionable de trabajo, por tanto escribe cuando tiene tiempo, ya sea durante la noche o sobre una servilleta. Estudió la Licenciatura en Derecho y trabajó por más de 20 años como funcionario de un Banco, además de haber incursionado como guionista en televisión y cine. Algunos reconocimientos que le ha otorgado la dramaturgia son: Premio Nuestra América, Premio por el X Festival Internacional Cervantino, Premio Latinoamericano de Teatro, el Premio Juan Rulfo a Primera Novela y el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón.

Aún así, afirma que no está satisfecho con lo que ha logrado hasta el momento. Gusta de cabalgar y leer los periódicos, y es uno de los pocos dramaturgos que escribe por indignación. Vive para el teatro, a pesar de que su gran sueño de la infancia era convertirse en cantante.

¿Cuál fue el primer contacto de Rascón Banda con el teatro?
—Yo soy de un pueblo minero fantasma de la Sierra de Chihuahua, La Barranca del cobre; y allá no había teatro, pero si había un sistema educativo que ya no existe y en el que desde la primaria hacíamos teatro. Desde el primer año de primaria había actividades artísticas como dramatización, recitación, lectura en silencio, danza, baile y artes plásticas. Todos éramos seres completos, por eso surgieron de allá Sebastián, Carlos Montemayor, Ignacio Solares, cientos de creadores de todas las artes, porque éramos producto de un sistema educativo, que desde la primaria estimulaba la creación.
Después llegué a Chihuahua a estudiar la secundaria de la Normal, donde estudié para maestro, había un grupo para teatro y por supuesto, como ya traía la vocación formé parte del grupo los seis años. Los tres de secundaria y los tres de Normal. Estuve en todas las obras, yo no era gran actor, era pésimo y siempre tenía papeles de niño. La primera obra que vi fue por accidente en un teatro pequeño de la Universidad de Chihuahua. Andaba buscando un taller de artes plásticas y me metí a un salón. Vi que algo pasaba, estaba la obra Detrás de esa puerta, que es un drama real que sucede en la República Dominicana o en Haití, cuando hubo una revolución.

En su infancia, ¿Qué inquietudes tenía Rascón Banda? ¿A qué se quería dedicar?
—No pude ser médico, no pude ser cantante como hubiera querido por qué era débil, era chaparrito, frágil, sin vista, yo no veía nada, (todo) eso en un pueblo minero donde tienes que ser fuerte como un vaquero. No pude ser vaquero, no pude ser policía, no pude ser minero, no pude ser jinete. ¿Qué hace uno? Mi madre me inculcó la lectura, entonces uno introvertido empieza a escribir. Después crecí, me operé los ojos, aprendí a tirar al blanco en el Estado Mayor Presidencial. Ahora tiro en movimiento, tiro en fijo. Soy muy bueno porque ya miro y practiqué. También soy un buen jinete y ando mucho en caballo en TepoztlÁn.

Se ha desempeñado como abogado, funcionario de banco, guionista y dramaturgo ¿Qué actividad le entusiasma más?
—No lo sé, por que a mi el teatro me hace sufrir mucho. Vivo para el teatro, pero no vivo del teatro. Yo vivo del derecho y de otras ocupaciones, del banco. Trabajé mucho tiempo en un despacho que tuve, pero vivo para el teatro. El teatro es un actividad , muy ingrata…no te da más que un minuto de aplausos el día del estreno, fuera de eso todo es barrera, dificultad, hostilidad, lucha constante. Cada vez que estreno una obra, digo nunca más, me retiro y lo anuncio, pasa un tiempo me curo de esta experiencia y otra vez caigo en el teatro. Así lo tengo diciendo desde hace 25 años.

¿A partir de qué montaje sintió que debía dejar el teatro?
—Mi primera obra profesional fue Los Ilegales que se estrenó en la Ciudad de México y que inauguró en el 69 lo que se llama la nueva dramaturgia mexicana, yo fui uno de los seleccionados y abrí ese ciclo de obras teatrales de nuevos y desconocidos dramaturgos dirigida por Marta Luna allá en Tlatelolco. Desde esa obra dije, nunca más, por que uno tiene que convencer a los actores, al director, al productor, a las instituciones, al público para que vaya a ver la obra.
Cada obra mía, de las 54 escritas y de las 45 estrenadas, todas han tenido problemas.¿Por qué algo que es gozoso lo tengo que estar discutiendo con el director, con los actores, con el productor, con la policía, con la PGR?...Yo he tenido cuatro problemas con la PGR por obras de teatro. Por El criminal de Tacuba sobre el caso de Goyo Cárdenas, estuve enjuiciado dos años, con la Fiera del Ajusco tuve un problema dos años, con Alucinada tuve un problema casi un año. Caso Santos en Dallas tuvo problemas con la comunidad chicana, El baile de los montañeses, obra premiada por el Cervantino en el 82, prohibida en Chihuahua por el Gobernador y yo peleando un año para que la obra pudiera ir de gira para allá. Siempre digo: voy a dedicarme a la novela. Es más tranquilo escribir sobre otro género.

Los cuentos de Volver a Santa Rosa reúne gran parte de la vida de Víctor Hugo Rascón Banda, ¿no es así?
—Es (un libro) autobiográfico, es mucho de mi. Yo digo que ese libro es la infancia de un dramaturgo. Cuando lo dedico siempre pongo: origen y destino de un dramaturgo. Porque esos temas son los que he tratado en mi teatro. Desde niño me marcó el narcotráfico, el problema de los tarahumaras, el problema de los indocumentados que se van a Estados Unidos, me marcó la violencia en el pueblo, la muerte. El derecho, el bien el mal, lo justo lo injusto. Si alguien quiere estudiar mi vida o mi teatro, ahí esta el origen. A mi me marcó esas experiencias de vida y entonces fui dramaturgo.

Rascón Banda es ahora presidente de la SOGEM ¿Cómo vive su actual cargo?
—Yo vine aquí por hacer un servicio social. Yo estaba feliz en el banco, ganaba diez veces más. Dependían de mí 14 mil personas, tenía 44 directores. Vine a ganar aquí el 10 por ciento y con más problemas. Dirigía cuatro bancos. Un día fueron a verme mis maestros y compañeros para decirme que había problemas en SOGEM, jurídicos, legales y financieros y que había elecciones, que viniera a competir.
Siento que es mi pago a la escritura, al país. Porque defender los derechos de autor, es defender el derecho de la justicia. Hemos podido impulsar leyes de cine, del libro. Es una oportunidad única, porque si sé derecho y soy creador, tengo que hacer algo por mi gremio. Estoy haciéndolo como un servicio, aunque me perjudique económicamente y en salud. Por que yo me enferme aquí, hay que recordar que mis graves enfermedades las adquirí después de estar aquí trabajando.

¿Qué ha logrado hacer la SOGEM en defensa de los escritores?
—Hemos logrado convenios excelentes con Televisa y TV Azteca para el pago de derechos de autor en televisión, en cine estamos luchando contra los amparos que promovió la Cámara de Cine, sobre todo los exhibidores para no pagar Derechos de Autor. Estamos luchando desde hace dos años por que no han querido pagar a los escritores de cine. La ley tiene 70 años y dice que hay que pagar a los guionistas.

¿Porqué el interés de Rascón Banda por la creación de una Secretaría de Cultura en México?
-La mayoría de los países tienen su Ministerio de Cultura y México, que es uno de los países más rico culturalmente después de la India y China, no tiene Secretaría de Cultura. Es una necesidad política y económica para poder proteger nuestro patrimonio. La cultura tiene que estar al nivel de la Secretaría de Turismo o debe de estar a lado de la Secretaría de Hacienda. Debe de tener una fuerza política para defender asuntos perdidos, como el asunto de Wall Mart en Teotihuacan.

¿Qué beneficios obtendría la sociedad con una Secretaría de Cultura?
—Primero una posición de poder político para defender el patrimonio, segundo un presupuesto negociado directamente ante la Secretaría de Hacienda o ante la Cámara de Diputados, sin necesidad de pasar por la SEP, una representación ante el mundo del patrimonio que tenemos, por que es penoso que todos lo países tengan su Ministerio de Cultura. Yo creo que sería darle a la cultura el lugar que el pertenece.

¿Qué proyectos tiene Rascón Banda en este momento?
Tengo por ahí un proyecto que algún día escribiré. Voy a dejar el teatro a un lado. Empecé a hacer una novela de Nuevo Orleáns, un seis de agosto en el 89. Me pasaron cosas mágicas que no se pueden explicar. Ya me había pasado en la Feria de Frankfurt y en la feria de Sevilla. Cosas extrañas, inexplicables. De ahí surgió la necesidad de llegar a investigar a Nuevo Orleáns, ahí esta lleno de estas historias, de budú, de brujas y todo. Entonces empecé a escribir la novela, se la cuento a Vicente Leñero y me dijo: No hagas tonterías, dedícate al teatro y olvídate de eso. Le hice caso porque es mi maestro, pero ahora que desapareció Nuevo Orleáns quiero recuperar ese lugar que ya no existe, donde yo viví experiencias inexplicables.

¿En qué forma la su profesión como abogado ha influenciado al dramaturgo?
Creo que tengo vasos comunicantes entre las dos carreras, a veces entran en conflicto. Yo creo que gracias a mi deformación profesional por ser abogado, puedo escribir ese tipo de historias. Mi contacto con el bien o el mal, con lo justo y lo injusto, con los procesos donde son enjuiciados y castigados los seres más débiles de la sociedad como lo son los indígenas, las mujeres analfabetas, me permite a alimentarme.
Yo uso la nota roja, uso los juicios que conozco, uso mi contacto con el derecho para poder crear. Escribo por indignación, como respuesta, cuando veo un suceso desagradable e injusto me lleva a escribirlo. Escribo por reacción a un fenómeno injusto y mi visión de Derecho me hace que sienta esa injusticia propia. No hay obra que no tenga que ver con el Derecho o con mi carrera de abogado.

¿Quizá por eso no ha incursionado en el teatro infantil?
—El problema del teatro infantil es que es muy difícil. Primero tiene que ser teatro, con todo lo que eso implica y luego tienes que ser didáctico y estar de acuerdo a la psicología de los niños. Hacer un teatro de aventura, de fantasía, de juego. Yo tengo por ahí dos o tres historias con argumento.
Estudié didáctica, técnica de enseñanza, pedagogía. Fui profesor 20 años. El contacto con los niños cuando fui maestro rural en Chihuahua en la Sierra me lleva a conocerlos un poco y digo que yo sí podría escribir como lo hace Carballido. Lo voy a hacer, es un compromiso, pero es el teatro más difícil. Hay que estimularles su creatividad, la generosidad, el idealismo. Hay que ponerse los zapatos de los niños para crear obras dignas.

¿Entonces próximamente Rascón Banda incursionará en el Teatro Infantil?
—Sí, es un compromiso. Ya tengo hasta el título, tengo la aventura, que es además musical y con animales. Es la historia de un niño tarahumara que un buen día descubre que todo el pueblo ha amanecido sin voz, luego se encuentra con una paloma pitayera y se da cuenta que ya no cantan las palomas… La voz es un órgano para la lucha social, entonces ahí va la idea. Ya lo tengo, necesito nada más un ratito para sentarme y escribir.

¿Qué obra teatral le habría gustado escribir a Rascón Banda?
—Yo me sé de memoria muchas obras. Hay dos: La Honesta persona de Shen Suán de Bertol Brecht. Por que yo soy ese personaje. Es el personaje de una mujer que se desdobla en un primo para poder defenderse. Es tan frágil, que necesita otra personalidad para defenderse.
Hay una que yo no sabía que existía, que cuando ven mis obras siempre me dicen estás muy influido por George Bruckner, por (su obra llamada) Woyzek. Yo no lo conocía y compré las obras completas. Se parece mucho a mi estructura, a mis temas, a mi fragmentación de la realidad, a mi poesía.
También hay otra, nadie se ha dado cuenta que mi obra Playa Azul, está influida e inspirada totalmente por una obra de Antón Chéjov, que se llama El jardín de los cerezos. Incluso el viejo que se queda cuidando el hotel, es el mismo anciano de Chéjov. Nadie lo ha podido detectar, pero esa obra me llega al corazón.

Hace tiempo escribió poesía y gano un premio en Chihuahua…
—Sí, he estado tentado ha sacar de mis obras algo que parece poesía. En cada obra yo tengo por ahí un monólogo que parece poesía, escrito en verso. Tengo muchas canciones que son poesía, básicamente y ponerle Poesía Dramática y publicarla. Lo voy ha hacer algún día.

Después de haber estado internado en un hospital, donde experimentó momentos sumamente críticos debido a la leucemia que padece ¿Qué percepción de la vida tiene Rascón Banda?
—La tuve cuando salí de coraje y de furia, porque en la primaria nos deberían de decir en el jardín de niños o en la casa, así como nos enseñan a lavarnos las manos, así como nos enseñan a escribir el abc, así como nos enseñan a saludar, nos deberían decir un día los papás: La vida es corta, vean esa flor, va a durar 24 horas y se va a secar, vean ese pajarito que no dura más de un mes. Entonces cuando a uno lo condenan a muerte por una enfermedad dice: ¿Como que ya se acabo todo?... ¿Cómo?, si apenas estoy empezando a vivir. Nadie me dijo que todo era frágil, un suspiro. Yo dije si sobrevivo, voy a salir a vivir…La vida es breve y hay que disfrutarla, sin dejar las obligaciones, sino uno se condena a la pobreza y la miseria.

¿Está satisfecho hasta el momento con lo que ha hecho?
—No, no, no, para nada. Yo creo que si algo tengo es frustración, no amargura porque he sido feliz en muchos instantes. Yo tengo que escribir mejor, hacer una novela, debo tener otro trabajo. SOGEM va a terminar en agosto el año que entra y yo ya reformé y promoví los estatutos para que no haya reelección, para que no me reelijan. Entonces estoy planeando irme a Tepoztlán y hacer algo que me empezó a gustar mucho: construir. Es creación también, es planear, es estar dibujando. A la mejor mi escritura se transforma en otras circunstancias.

¿Qué obras tiene montadas en este momento?
—En este momento tengo tres obras de gira por el mundo, y que me han hecho feliz por que yo no tengo que hacer nada: Los Niños de Morelia está en España, Madrid y en Barcelona, va a estar hasta diciembre. La Mujer Caída del Cielo, con Luisa Huerta está en cuatro países de Sudamérica y regresa para enero. El deseo anda por todo el país, va a todos los festivales y anda en 40 ciudades. Aquí en México tenemos la obra Cautivas y estamos muy preocupados Laura (Zapata) y yo por que el público no ha ido. A pesar de tres años de escándalos de la obra y a pesar de que es una puesta muy digna y de un tema que debe importar a todos, el público no quiere ir a ver esa obra.


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