Con Nina Crangle, Héctor Iván González y Miguel Ángel Quemain
Modera: Édgar García Valencia
Editorial de la Universidad Veracruzana
SALÓN DE FIRMAS

Durante el tercer día de actividades de la XXXVIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), en el Salón de Firmas del recinto, fue presentada la única reedición existente de la obra narrativa de Juan Vicente Melo, escritor perteneciente a la llamada Generación del Medio Siglo, cuya nueva edición estuvo a cargo de la Universidad Veracruzana (UV).

En la ceremonia de presentación, Nina Crangle, responsable de la actual reedición, comentó que el relanzamiento de Experiencia nocturna y Cuentos completos no sólo permite un acercamiento a la literatura nacional de otras generaciones, sino que el hecho representa el regreso de un “clásico desconocido de la literatura mexicana”, como bien señalara en alguna ocasión Juan José de la Colina.

Respecto a la reedición de los dos textos, Héctor Iván González, escritor y traductor de literatura, enfatizó que el proyecto de rescatar a un escritor de la talla de Melo es “un gran acierto de parte de la Universidad Veracruzana”, debido a la escasez del material que calificó de “inconseguible”, e incluso “imprestable” por parte de los lectores del autor.

Asimismo, el también colaborador de la Revista de la Universidad de México, suscribió que, pese a ser escritos un tanto “complejos”, a causa de la marcada influencia de letras francesas y alemanas del siglo XX, el proyecto resulta una invitación a una obra obligada, ya sea para un primer acercamiento o en su caso a una relectura.

Por su parte, Miguel Ángel Quemain, periodista y ensayista, precisó que la presente reedición es un gran aporte a la literatura mexicana, ya que permite reavivar un patrimonio cultural latente y poco conocido por muchos pero que no por ello deja de tener importancia y un gran valor literario en la escena de las letras nacionales.

En tanto, Jesús Guerrero, moderador del acto y entusiasta de Juan Vicente Melo, agradeció el apoyo brindado a las autoridades correspondientes y reconoció que dicha labor de rescate se efectuó gracias a que en más de una ocasión la editorial de la UV recibió peticiones de lectores que sugirieron un relanzamiento de dichos textos, casi extintos no por falta de lectores, sino de iniciativas editoriales.

 

Fragmento de la nota escrita por Vladimiro Rivas en Letras Libres

http://www.letraslibres.com/mexico/juan-vicente-melo

Médico de profesión, melómano y crítico musical de vocación secreta, atormentado por las depresiones y el alcohol, Juan Vicente Melo es autor de un clásico mexicano del siglo XX, La obediencia nocturna, novela que pese a su complejidad, no deja de tener, en cada nueva generación de prosistas, un grupo de fieles lectores.
Leí en Quito, hace muchos años, la antología Narrativa mexicana de hoy, preparada para Alianza Editorial de Madrid por Emmanuel Carballo. Elegida con un buen gusto casi infalible, la mayor parte de esa selección ha perdurado. Y digo que sólo la mayor parte porque ninguna antología de lo contemporáneo puede estar libre de equivocaciones, que sólo el tiempo se encargará de corregir.
En esa antología leí, con asombro y gratitud, “Sábado: elverano de la mariposa” del entonces para mí desconocido Juan Vicente Melo. Cuando uno lee un gran cuento sabe, desde el momento mismo en que lo termina, que no lo va a olvidar. Y, en efecto, nunca he olvidado esa historia de provincia sobre una solterona que por un día intenta transformarse en otra mujer, nunca he olvidado esa maravillosa metáfora de la aspiración al amor, de la metamorfosis de una oruga en radiante mariposa.
Sus Cuentos completos, publicados por el Gobierno de Veracruz y el Instituto Veracruzano de Cultura, aparecieron en 1997, en edición a la vez generosa y mezquina. Generosa, por esmerada, por su aparato crítico. Mezquina, por su limitada circulación: es imposible encontrar en la capital uno solo de sus dos milejemplares, a no ser que visitemos anualmente la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Devoré sus Notas sinmúsica (Fondo de Cultura Económica, 1990), libro ingenioso, erudito, desgraciadamente manchado por innumerables descuidos. Antes de llegar a esa hermosa transposición del mito de Hércules y Onfalia, esa bella metáfora sobre el tiempo que es su libro póstumo La rueca de Onfalia (Universidad Veracruzana, 1996), me detuve en su gran novela, magistral remate de una brillantedécada de narrativa mexicana, la de los sesenta: La obediencia nocturna. La editorial Era la publicó en 1969 y apenas en 1994 ha recibido una segunda reimpresión. La serie Lecturas Mexicanas de la SEP la publicó en 1987 con un tiraje de veinte mil ejemplares. La edición está agotada.
De no haber sido músico (pianista, melómano y crítico musical), no habría sido quizá tan justo el ritmo de su pensamiento y de su prosa. Juan Vicente Melo (Veracruz, 1932-Veracruz, 1996) se graduó de médico con una tesis sobre el equilibrio del sodio y el potasio en la cirrosis hepática y realizó estudios de posgrado en París, donde conoció y trató a Camus y a Céline, escritor que dejaría una marca indeleble en su espíritu. Toda su vida gravitó en torno a la literatura y a la música. Fue también un gran empresario cultural: bajo su dirección, la Casa del Lago de la Universidad Nacional tuvo una de sus más brillantes épocas. Quizá ningún escritor mexicano ha escrito, como él, con tanta imaginación y sentido crítico, sobre música. Melo es el caso ejemplar de un escritor acuciado por la urgencia de poner algúnorden al caos de su propia existencia. Minado por el tabaquismo y el alcohol, buscó en la música y el ejercicio de la literatura un medio de conocimiento y de trascendencia de sus miseriasindividuales.
Se dio a conocer con tres libros de cuentos: La noche alucinada (1956), Los muros enemigos (1962) y Fin de semana (1964), queincluye a “Sábado: el verano de la mariposa”, una de las cimas del cuento mexicano y latinoamericano. Su prematura Autobiografía data de 1966. A La obediencia nocturna sucedió un gransilencio de 16 años, roto por la publicación de El agua cae en otra parte (1985), su última colección de cuentos.
Novela alusiva y elusiva, escrita en clave —o mejor, en varias claves, incluso en el sentido musical del término—, La obediencia nocturna escapa a una interpretación única. Es más, habrá tantas interpretaciones cuantos lectores tenga.
Ninguna sinopsis del argumento, por justa y precisa que sea o pretenda ser (pienso en la que el mismo Stendhal hizo para Rojo y negro, por ejemplo), puede reemplazar a la novela misma, en cuyo espacio crecen los personajes y respiran: no pueden hacerlo en un espacio menor. Ningún hecho real, tampoco, por interesante que sea, puede reemplazar a la novela que se inspira en él, en cuyo ámbito el hecho real, antes caótico, se reorganiza y crece hasta conformar un cosmos (pienso en la fuente inmediata también de Rojo y negro, el juicio de Antoine Berthet, encausado por asesinato en una iglesia siendo él seminarista). Sólo las sinopsis de los narradores anglosajones son capaces de reducir la distancia, por el valor concedido a la brillantez e ingenio del argumento, entre sinopsis y realización. Para Henry James el argumento —lo que él llama tema— era casi todo: las trescientas páginas de sus Cuadernos de notas así nos lo demuestran, así como sus penetrantes estudios críticos. Sin embargo, la formulación de la sinopsis de La obediencia nocturna puede servir en este artículo como referencia para que quien no haya leído aún la novela entienda mejor mis reflexiones.
Reproduzco, por su precisión y justeza, labreve sinopsis que encontramos en la cuarta de forros de la edición de la SEP:

El narrador de La obediencia nocturna se halla envuelto en una vasta e inexplicable conspiración en la que desempeña el papel de víctima. Perseguido por el recuerdo fantasmal de su hermana Adriana, confundido por las equívocas señales de los sentidos y las imágenes contradictorias que le ofrece la memoria, se aplica a descifrar un misterioso cuaderno que ponen en sus manos Marcos y Enrique, dos compañeros de estudios cuyas identidadesparecen ser intercambiables, y se esfuerza por alcanzar a una Beatriz ideal y escurridiza, cuya última realidad es sólo un nombre y una fotografía.

Claro, la sinopsis, en este caso, no da la idea de la belleza de esta novela. No estoy seguro de que en La obediencia nocturna haya propiamente anécdota, sino elementos que se combinan, se repiten, se oponen, se metamorfosean. Una de las grandes habilidades de Melo consiste en combinar unos pocos elementos para producir esa obra de arte que es su novela. Los combina, precisemos, de un modo musical. Escribe casi como si compusiera música. Uno de los tipos de grafía empleados en la novela es la musical, explícitamente solicitada por el novelista al compositor Mario Lavista para ilustrar cuatro situaciones que tienen que ver con Beatriz (Beatrice, nombre que se vierte musicalmente en las partituras). La forma sonata se caracteriza por la presentación de dos o tres temas que se entrelazan, se oponen, secomplementan, se transforman, evolucionan, se repiten, presentándose a sí mismos como variaciones del tema inicial. Así en Melo. Abundan en su novela la repetición (y variación) de destinos, los espejos, los reflejos, las duplicaciones, las inversiones. Esteban repite al final el destino novelesco del narrador, quien a su vez repite el de Enrique. De este modo, el personaje central es a la vez uno y plural: el elegido para repetir el triple rito de descifrar la escritura secreta de Villaranda, de buscar y amar a Beatriz, y de pasar la estafeta a otro, en un acto que asegura y garantiza, en su repetición cíclica, la pervivencia del rito. El rito, como veremos más adelante, consiste en la realización de una serie de actos idénticos que se repiten para trascender el tiempo lineal y la muerte.

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