Feria del tamal en el Museo de Culturas PopularesElvia Alaniz Ontiveros
En pareja, en familia, con los amigos o solos, cientos de capitalinos saborearon, degustaron y disfrutaron durante la feria del tamal, edición 2010 la gran variedad de uno de los platillos mexicanos presente en los 32 estados del país: el tamal.

De zarzamoras, de mole negro con cerdo, de frijoles, de chipilín, elote, arroz, calabaza; dulces o salados, son las presentaciones que de esta comida tradicional se venden y exhiben en el Museo de las Culturas Populares hasta hoy martes 2 de febrero.

Las familias acudieron al corazón de Coyoacán, lo mismo a desayunar que a comer o bien, los menos, los pidieron para llevar. Si la familia constaba de tres integrantes gastaron entre 250 y 300 pesos, pues los precios iban desde los 12 hasta los 40 pesos. Quienes acompañaban sus tamales con atole debían pagar 20 pesos. Para algunas personas los precios comparados, con los que se ofrecen todos los días en diferentes puntos de la ciudad de México eran demasiado altos, para otras, eran accesibles si se tomaba en cuenta que la gente venía de diferentes estados de la república.

Este año Veracruz, Michoacán, Puebla, Estado de México, Tamaulipas, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Tlaxcala, Morelos, Guanajuato, Yucatán y Jalisco fueron los anfitriones de esta feria. Así, cada uno de los estados no sólo ofreció a los visitantes la gran variedad de tamales sino también la manera en que se festeja el día de la Candelaria.

Así en el puesto de Tlaxcala por ejemplo, el tamal tradicional que ofrecieron fue el largo con mole, hechos con anís y masa para tortillas. Se sirve con mole de guajolote. Este tipo de tamal es el alimento principal de los tlaxcaltecas y se acompaña con el chile-atole que es una bebida hecha a base de chile y granos de elote. Otro de los tamales, de este estado es el de durazno con nata que se elabora en la región de Tlaxco-tlaxcala y de champiñones con venas de chile que se acostumbra en la zona de la malinche. Además de los de tejocote con piloncillo.

Tamales del estado de Tlaxcala

Las vivencias sobre la feria varían de persona a persona. Para Eduardo Cortés la experiencia “no ha sido muy buena. Realmente los participantes son personas cualquiera que sólo rentan un local y se ponen a vender, sin importar si son expertos en el producto o no”. Y es que, señala, él asistió porque deseaba “probar los tamales típicos de los estados participantes”, sin embargo, su desilusión llegó al enojo, a grado tal que a manera de recomendación puntualizó que “antes de celebrar estas ferias se debería convocara a personas que sí sepan. Por ejemplo se podría hacer un concurso o cata para designar quiénes participarán y así mantener el prestigio de nuestros productos mexicanos”.

Un espacio para el paladar

“Sólo hemos probado el de Tamaulipas porque hay mucha gente. Los de Tamaulipas están muy chiquitos pero están buenos y ahorita vamos a Oaxaca. Queríamos probar de Chiapas pero la cola es enorme. Los precios están muy caros, pero bueno están ricos, valen la pena”, señaló Magda Ortiz que llegó a la feria con su esposo y sus dos hijos

César Daniel García compró el tamal típico de Yucatán hecho con cochinita pibil “ya sabía lo que quería”. Él acudió a la feria para probar la variedad de tamales que ofrece Puebla, y además porque le interesa conocer “la cultura que tenemos como país. Hay muchos estados y en cada uno hay tamales de diferente tipo. Pienso que con estas ferias uno puede saber más de las culturas de cada estado y de su gastronomía.

“La feria está magnífica es algo que si no existiera, no sería posible conocer todos los manjares que hay en cuestión de tamales en nuestro país”, asegura Catalina Langle, quien acude desde hace 10 años a la feria acompañada de su hija “a saborear” la extensa oferta de tamales mexicanos. En cuestión de costos considera “justo” pagar un “poco más” a cambio de una gran variedad de sabores.

Ella acudió a la feria con la ilusión de dejarse llevar por la oferta de este año. Así, revela, cada edición conoce algo nuevo, por ejemplo, el año pasado probó los de Chiapas, Oaxaca y de Colombia, ahora, los de Xochimilco, Guerrero, Guanajuato, Puebla y Veracruz “lo importante es apreciar y paladear nuestros manjares mexicanos”. En cuestión de precios está conforme porque “tampoco podemos pedir que los tamales los den a 10 pesos. Ellos –los participantes- tienen que cargar sus ingredientes, además de toda la labor que implica hacerlos”.

Para Mariela Salazar la feria le pareció “completa y variada”. Además es importante que haya información acerca de los festejos del 2 de febrero. “porque así uno conoce el contexto de cómo se celebra en otros lugares el día de la Virgen de la Candelaria y él tipo de tamal que se prepara. Esto nos habla sobre gastronomía y cultura de un lugar”.

Su familia y ella degustaron los tamales de Tlaxcala “nunca los había probado. Fue muy interesante porque llevan el mole encima. En lugar de tenerlo dentro, antes de comerlo le ponen mole y un pedazo de pollo. También probamos de tejocote con piloncillo y unos de nata con durazno. Son una delicia. La textura y sabor son tan diferentes a los que uno conoce aquí –ciudad de México-, incluso sí se distingue el maíz, es algo que en esta ciudad ya conocemos”.

Las recetas tradicionales

Pero para los adultos mayores los sabores e ingredientes “ya no son los mismo” así lo asegura Carmen Reina “yo compré un tamal chiapaneco. Pero el tradicional lleva carne de puerco, de pollo, aceitunas, huevo, ciruela pasa. Y ahora pues nada más le pusieron una pasa, pero no le vi por ningún lado los demás ingredientes”.

La razón, dice, es que ahora quienes elaboran tamales “ya no los hacen a conciencia…los hacen más comerciales. Es muy triste porque así se pierden las tradiciones y con eso de que a la juventud ahora ya no le gusta guisar, pues ni quien se interese por aprender a hacerlos. Antes las mamás nos obligaban a aprender a hacerlos, desde cocer el maíz, llevarlo al molino. Pero ahora los jóvenes ni se enteran cómo eran antes, ni quieren saber y menos les gusta. Yo vine con la idea de que eran los tradicionales. No están despreciables, pero no son los auténticos”.

Otras de las cosas que no le gustaron fue que se anunciaban diversas presentaciones “dicen que hay de chipilín, de hoja santa y eso no es cierto. El auténtico chapaneco, que ya se encuentran fácilmente. Donde los he comido siempre es lo mismo. Me ilusioné pensando que eran los tradicionales”.

Recuerda ediciones anteriores cuando la afluencia era poca “incluso nos rogaban que los probáramos”, a eso dice, tal vez se deba que ahora como “hay mucha gente, pues hacen los tamales al aventón con tal de vender. Hay unas colas larguísimas. Además están caros, por donde yo vivo hacen unos oaxaqueños más grandes que los de aquí, con bastante pollo y cuestan 12 pesos, mientras que aquí 28 pesos. De tomas maneras ya disfruté con la familia”.

La gente que vive en la ciudad de México y que es de otro estado acudió a la feria probar los sabores del “terruño. Yo soy de Michoacán y vine a buscar las corundas y los uchepos, pero ya se terminaron. Las cofundas son tamales redondos rellenos de pollo o queso, encima llevan crema, queso rayado y salsa de jitomate o de chile verde. Los uchepos son tamales alargados de maíz tierno que es muy dulce, lleva un poco de crema y mermelada de fresa”, compartió Saúl Díaz Mendoza.

Afluencia y desorganización

Domingo y lunes fueron los días que más gente acudió a probar los tamales. Las mesas y sillas dispuestas para las comensales fueron insuficientes. Pero eso no impidió que la gente comiera una de mole, de verde o de dulce, sentado o parado e incluso en la misma fila mientras esperaban la próxima compra, los asistentes daban rienda suelta su paladar.

Feria del tamal 2010

Sin embargo, lo reducido del espacio y la poca organización en el manejo de las filas hizo que más de uno se desesperara y desistiera de comprar “hay demasiada gente. Llevo media hora formado y cuando llegué, me dijeron que no había de mole negro. Uno se forma en un lugar y resulta que el anuncio está mal colocado porque lo que se vende no corresponde con el cartel”, señaló Carlos Aguilar.

“Es lamentable lo desorganizado que está. Las filas son un desastre. Pienso que deben darle más espacio a cada stand. Pero cada año es lo mismo, tal vez por la cantidad de visitantes. Eso es lo que origina el desorden. Porque el lugar es insuficiente. Pero este tipo de eventos son muy buenos, porque además de conocer las variedades de tamales, se mueve la economía”, aseguró Díaz Mendoza.

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