Guillermo Tovar
Confeccionar joyería, en algunos casos, ha llevado a los diseñadores renombrados a los grandes escaparates de la moda y a las mejores pasarelas del mundo, estatus que no garantiza la autenticidad de las piezas.

 

 

Pero cuando el diseñador no es tan conocido, paradójicamente, cosa que no significa que carezca de originalidad o nuevas propuestas dentro del diseño su labor se intensifica y duplica entre la búsqueda de espacios de venta y hacer valer el trabajo que implica pensar y plasmar esas ideas en accesorios que buscan posicionarse como auténticas artesanías.

Así la afinidad entre la confección y diseño de joyería con las artesanías y principalmente con las artes plásticas para Patricia Aguirre, diseñadora y actriz, es una relación que se encuentra en todo proceso de creación.

La labor que ha desempeñado Aguirre durante más de cinco años como diseñadora, le ha enseñado que el universo de lo femenino es tan amplio y diverso que el creador puede permitirse retomar del contexto elementos que confieren temas a sus piezas tanto en la joyería como en la plástica.

“Hay collares que no me gustan nada y que a la gente le parecen maravillosos. Gracias a la confección de joyería creo que he acabado de conocer los gustos de las mujeres y de mí misma. Cuando inicié me dejaba guiar por lo que a mí me gustaba, después comencé a conocer el universo femenino, que es tan rico y variado, a partir de otras mujeres. En ocasiones que una sutileza, que puede pasar desapercibida, le llame la atención a una mujer es motivo para que esa persona compre la pieza”, señaló Patricia en entrevista.

Por lo tanto el diseño actual, como en los pueblos indígenas o en las culturas antiguas en su época, se nutre de los elementos que habitan la metrópoli y permiten transportar o verter en un accesorio resquicios de arquitectura, religión, gastronomía, entre otros elementos del imaginario cultural y popular. El trabajo del diseñador también radica en agregarle a un accesorio el detalle que caracteriza y distingue el trabajo del creador y que además busca la cofradía entre la pieza y el posible comprador.

“Ejemplo son las mujeres a las que los collares les llegan por una sola cuenta o el color de una de ellas, que al final ese detalle es el que distingue su gusto y hace que adquieran algún collar. En otras ocasiones esos detalles para mí como creadora significan otra cosa totalmente diferente de lo que la gente cree”, apuntó.

Collar hecho con café y semillas de colorín

Buscar y jugar con las formas es una característica más que diferencia el trabajo de Patricia. “La mayoría de mis trabajos se distingue por las asimetrías. Comúnmente trabajo una historia de un lado y otra al otro extremo. En el camino me he encontrado con mujeres que no te permiten ese juego, piensan que es un error y me comentan “oye es que está al revés, aquí te faltó una cuenta”; pero cuando les explico que no todo tiene que ir tan predecible, hay quienes consideran la originalidad de la pieza y se convencen tanto que la compran; sin embargo otras simplemente buscan más la simetría y si los modelos no las convencen optan por lo convencional”.

Desde que Patricia Aguirre comenzó a confeccionar joyería las opiniones que ha recogido a lo largo de los años han nutrido y caracterizado hasta la fecha a su trabajo. En la siguiente plática la diseñadora comparte con los lectores de Excéntricaonline sus experiencias, sus primeras influencias y los temas que caracterizan sus diseños.

Arte, un universo de color

-¿Cómo inicias a confeccionar joyería?, ¿en qué contexto te involucras con el diseño?
-Considero que llegó de manera fortuita porque no tenía ni la más remota idea de lo que era diseñar, sigo sin tener la más remota idea. Creo que viene a partir de que Fernando Baena, mi marido, se ha dedicado a vender obra de arte, motivo por el que en casa tenemos Joy Laville, Toledo, Tamayo, Gandía, entonces todo ese universo colorido se me incrustó en el subconsciente.

Un tiempo pasé por una crisis de creación y durante un periodo me quedé sin trabajar, sólo trabajo en casa, además de ser asistente de ventas de obras de arte hasta que llegó el momento en que me llamó la necesidad de seguir creando, porque si no, sentía que me quemaba.

En una ocasión que fuimos a la casa de Arnaldo Cohen, en una de sus etapas de diseñador de joyería, nos comenzó a enseñar una serie de cosas tan padres, tan locas, tan lúdicas que al verlo trabajar con todos los materiales que tenía y toda la locura que estaba metiendo en sus cosas pensé “de aquí soy”. Dije quiero hacer esto, quiero estar en una taller sola haciendo esto; si Arnaldo Cohen es feliz haciendo joyería yo quiero ser feliz haciendo los mismo.

La escritora Estela Leñero porta un collar de granate y plata

De no tener idea respecto al diseño de joyería a agarrar un elemento, formar un collar y de pronto sentir que lo podía hacer, nunca me cuestioné si podría hacerlo; finalmente es un juego entonces decidí jugar y comencé a cobrar por jugar. En mis primeras ventas, de seis collares, vendí todo mi patrimonio. Así una cosa me llevó a otra y a otra, hasta que caí con Talina Fernández, quien observó mis cosas y me dijo “mamacita tus collares tienen muchas piedras, estamos llenos de piedras, está muy choteado hacer piedras, clávate en las semillas busca el rollo de los africanos eso es lo que soy yo; métete en los diseños africanos y todo lo que hagas de ellos lo vas a vender”. A partir de ahí investigué sobre joyería africana y me encantó.

-¿A qué necesidades responde el diseño más allá de la investigación y el ideario del artista?
Mi formación dentro del mundo de teatro, y mi vocación como actriz, -donde hacer teatro o cine o lo que tenga que ver con actuar- están relacionados con el trabajo colectivo; a pesar de que es algo muy rico y que permite interactuar con compañeros, te nutre, intercambias impresiones de técnicas, vivencias. Es padre porque se gesta una clase de hermandad pero al mismo tiempo todos estamos demasiado loquitos y demostramos nuestro carácter.

Poco antes de dejar drásticamente mi profesión estuve haciendo producción en cine, como asistente de producción con Mariza Serva, Pepe Will, pero en cine se desayuna, se come y cena con el equipo y poco ves a tu familia.

En ese contexto es cuando más conoces el carácter de los compañeros, sobre todo en cine, porque en teatro tienes la oportunidad de ir a casa y retomar lo que hiciste, pero en cine no; en cine vives en la película durante dos meses o más, y ves a tus compañeros en las buenas y en las malas. Eso provocó que me sintiera insana porque mi ritmo de trabajo es más lento, más relajado, si fuera budista sería feliz; y la gente de cine no.

En cine el trabajo tiene que ser rápido porque hay que entregar todo ya, si no lo tienes eres el más pendejo y si lo tienes te echan porras pero hoy eres una y mañana eres el otro para ellos: así que renuncié a eso y dije basta, no quiero tener que quererte hoy y mañana odiarte, no tengo porque estar estresada porque tú no preparaste tu set a tiempo, entre otros motivos que contribuyeron a que me apartara de ese ambiente. Si vuelvo a hacerlo, ha de ser para llegar hasta el altar como actriz.

Collar confeccionado con amatista y ámbar

A diferencia de la producción cinematográfica en la joyería trabajo sola únicamente acompañada por música y feliz porque nadie me dice cómo hacer las cosas, nadie me dice nada más que yo, es mi opinión. Por eso cuando vendo alguna pieza sé que está hecho al cien por ciento con ideas mías, no hubo ningún asistente de director ni ningún continuista, nadie que haya dicho cómo ni por dónde.

-¿Cómo se vincula con el trabajo en teatro la introspección y la creación?
-El teatro me ha ayudado mucho a diseñar porque los personajes son los collares. Cuando diseño el personaje principal no soy yo sino los collares. Me ha ayudado mucho cuando trabajo una pieza por pedido saber el argumento del personaje femenino que va a utilizar el collar; saber si es un personaje fuerte o débil, si tiene alas, además de todo lo que me puedan decir sobre la personalidad del personaje me ayuda para tener un collar más adecuado a la persona.

Busco rescatar las tradiciones que las nuevas generaciones desconocen

-¿Qué motivos tratas de reflejar y en qué elementos te basas para diseñar joyería, que al final de cuentas determinan tu trabajo
-Básicamente la cultura popular mexicana, que es muy rica, desde la comida hasta los juguetes. Puedo poner en un collar chiles, palomitas, pistaches, cacahuates, fríjoles, además de todo lo que sea popular mexicano porque busco rescatar las tradiciones que las nuevas generaciones desconocen. Por ejemplo, los juguetes de madera que antes usábamos resulta que ya no se usan y los chavitos dicen “qué es esto, cómo se usa, cuál es el chiste”.

Me nutre, además de retomar la cultura popular, observar la naturaleza, los árboles, las piedras, y utilizar elementos de los que desconozco su origen, pero que son funcionales para un collar. Lo mismo pueden ser elementos marinos o roca volcánica; busco que cada elemento tenga textura y que su temperatura la trasmita al cuerpo de quien lo porta, en los olores más o menos, para mí es primordial la temperatura, porque en un collar al combinar los elementos también se puede jugar con las temperaturas y que al mismo tiempo las mujeres la puedan sentir.

Otro elemento que combino es la geometría, realmente desde que me dedico a hacer joyería voy por la vida viendo las cosas y queriendo añadirlas a los collares. Hay cosas que son totalmente absurdas para los demás y a mí se me hacen maravillosas, es como un juego, entonces juego con todo. Una línea de joyería que elaboro es muy irreverente porque incluye cosas sobre las que cuestiono el por qué no experimentar, por qué no poner una latita en miniatura de película y hacer un conjunto temático quizá muy apto para la gente de cine.

-Entre los materiales que utilizas ¿cuáles prefieres, hay algunos que parecen ser más perecederos que otros?

-Me gustan los elementos que son poco usuales en la joyería, porque eso es lo que invariablemente atrapa. Los frijoles me gustan, sin embargo es difícil trabajar con ellos porque hay que perforarlos uno por uno, lo cual representa un trabajo muy cruel porque es poco apreciado, además de que es difícil defenderlo, la gente piensa que los fríjoles se dan perforados y laqueados, entonces que malbarate el trabajo y quiera regatear me molesta mucho, y al mismo tiempo es una bronca el identificar que no te toque alguno con gorgojo porque a fuerza ha de haber alguno.

La artista plástica Leticia Vieyra porta un collar en cascada

Trabajar con cacahuates es muy elaborado porque hay que pintarlos, barnizarlos, perforarlos pero gustan demasiado; a la gente le parece muy chistoso un collar con cacahuates y lo compra, trabajar también con chiles y todo lo que sea algo innovador siempre es muy bien recibido.

-¿Cómo defines los temas que enmarcan tu trabajo, se auto definen con los materiales o juegan en conjunto?
-Considero que es un colectivo porque es difícil poder etiquetarlo. Sé, gracias a los comentarios, que tengo varios estilos; hay estilos totalmente formales y que gustan porque la gente al portarlos no toma riesgos, pero al mismo tiempo hay dentro de los estilos que manejo uno que es totalmente explosivo, irreverente. Por ejemplo hay collares que se transforman, me gusta que la mujer juegue con los collares y que sienta que no sólo tiene un collar sino varios. He diseñado collares que se transforman en cinco diseños diferentes a la vez; a la mujer siempre nos gusta andar cambiando de accesorios o vestuario y eso tiene buenos resultados porque cuando les explico a las mujeres cómo puede ir puesto, les abre un universo fantástico, pueden jugar y no se ven siempre iguales.

El riesgo de estar de moda es que puedes pasar de moda

-Entre lo lúdico y lo formal ¿cuál consideras que es la vigencia de la joyería, no sólo tus diseños sino en general. Siempre un collar está vigente?
-Depende de la mujer. Al haber arrancado con las semillas con Talina Fernández me ayudó, pero al miso tiempo me conflictuó mucho, porque Talina se cuelga lo que sea. Como anécdota recuerdo una ocasión en que hice un collar con puros huajes que quedaba gigante, hasta ahora no conozco a nadie que se atreva a ponérselo y con Talina todo lo que le llevaba por raro, absurdo, extraño que pareciera se lo ponía, entonces siempre me estaba dando cuerda y así era con otro y otro.

Otra ocasión llegué con una especie de gorguera que parecía un átomo de puro chile cascabel, del que Talina se veía emergiendo. Ahí descubrí que sí se valía jugar con todo y entonces empleé diversos elementos para jugar. La vigencia de los collares es variable, hay collares que para mí pueden ser demasiado estridentes y habrá alguien que desee utilizarlo para una cena, que en mi caso no me lo pondría quizá en una cena, pero sería correcto en una exposición o para un concierto de rock, pero no para un cena donde el foco de atención no va a ser la cara de la chava, sino el collar.

No hay un estilo que pueda defender y que argumente que en ese modelo se está basando la moda, porque depende de la persona, somos tan impredecibles.

-¿Consideras entonces que cada una de las piezas siempre se está renovando?
-Siempre se está actualizando, un ejemplo es que hay collares que he diseñado basados en las tendencias de los años setentas o collares muy de los veintes y en un collar en vez de perlas utilizo jojoba y gustan aunque sean diferentes. La ideología de la época que apunta hacia las perlas finas, lo modifico al emplear semillas y también gustan.

Actualmente todo lo retro, paradójicamente, está de moda. Hay un dicho que versa que “el riesgo de estar de moda es que puedes pasar de moda”, cosa que es totalmente cierta porque al mismo tiempo hago un collar muy setentas con otros elementos pero no deja de ser setentas.

-Al retomar las épocas o tendencias de algún modo recavas también algunas influencias. ¿En qué tendencia ubicas tu trabajo?
-Básicamente en los africanos porque trabajar con semillas invariablemente te remite a ellos y trabajo dándole luz al pecho, por ello, trabajo poco collares largos. Aunque en ocasiones sí lo hago generalmente le doy mucha vida al pecho, ejemplo son los pectorales que utilizaban las africanas con elementos como huesos, marfil, caories, en fin con todos esos elementos tradicionales.

Procuro no alejarme de ellos porque han sido una influencia maravillosa con los que descubrí un universo padrísimo y considero que sí estoy demasiado influenciada por ellos.

-No luce igual una pieza en una mujer joven en comparación con una mujer madura, entonces ¿cómo conjugar el diseño para tratar de disimular las imperfecciones en el cuello o tratar de esconder un lóbulo grande, o simplemente la moda a quien le acomoda?
-Básicamente corresponde a quien le acomode porque mi trabajo se basa en la confección de accesorios para mujeres imaginarias. Cuando trabajo no tengo una modelo en puerta sino es para quien se deje. En ocasiones cuando estoy diseñando mi marido me pregunta ese para quién es, y le contesto que es para quien se deje.

La verdad es que trabajo para mujeres imaginarias entonces siempre estoy pensando en que luzca tal cual es la mujer; si ella ya viene con un defectito de fábrica a lo mejor me pedirá que le adapte el collar a sus circunstancias.

Collar elaborado con turquesa, colorín y plata

Nunca me ha pasado más que con Lucero, hice algunos collares para la telenovela Mañana es para siempre. Cuando me los pidieron trabajé con mi cuello porque es un poco ancho, pero no había notado que Lucero tiene un cuello largo pero musculoso, como no me percaté de eso al momento de ponerle los collares le impedían moverse, entonces en esa ocasión sufrí porque tuve que rehacer todos los collares que eran de seis u ocho hilos, muy barrocos, muy cargados, pesados sin nada de semillas con puras piedras y tenía que deshacerlos y volverlos a hacer con un buen tramo más para que le quedaran con cierto airecito y se le viera bien. Esa ha sido la única vez que he tenido que hacer algo a la medida de alguien.

Comúnmente entre las personas que adquieren mis piezas; tengan o no el cuello ancho, compran las cosas y si les queda bien es maravilloso, sino se ven bien y aunque tengan un cuellito pero está feliz esa es su decisión. No puedo intervenir y decirles que se ven mal porque si las hace feliz está perfecto. En ocasiones me pasó lo mismo, aunque sé que hay cosas que no me van mientras me guste y me haga feliz me lo pongo.

Sólo hay una estrella en el collar

-Independientemente de que la pieza le quede a la mujer, ¿conforme a la forma del collar piensas en acentuar ciertas partes del cuello o estilizar el rostro, por ejemplo?
-Sí, aunque no es una constante, porque sino sería autocensura; porque ponerte a pensar que si la carita o lo demás dejas de lado el atuendo con que se va acompañar al collar, cosa que no sé. En ocasiones imagino combinar un collar con cierto color y resulta que la persona que lo porta lo combina con un color que nunca me imaginé.

Cada pieza tiene una estrella en la que se concentra la atención y dependiendo de la altura o posición en que se encuentre esa estrella eso es lo que va a tener más importancia. Casi siempre es para enmarcar el rostro. La mujer utiliza un collar y lo acompaña con unos aretes para enmarcar el rostro y dependiendo la parte más fuerte del collar eso es lo que va a centrar la atención.

He hecho algunos collares muy largos que llegan al ombligo y otros casi a las piernas y me los compran chavas bajitas. Entonces no puedo pensar en qué parte del cuerpo va a lucir, es impredecible saber quien se lo va a llevar.

Collar elaborado con cuentas de color y una imagen de la Virgen de Guadalupe

-¿Consideras que las formas de los collares está determinada por el material que empleas?
-La forma de los elementos indudablemente determina al collar. Tengo un collar de chiles con el que quise imitar la forma de los cuellos de los arlequines, que al final de cuentas se iba a conjugar con trajes tradicionales, muy contemporáneos, en un programa que van a hacer para las fiestas mexicanas, pero el collar y los trajes competían mucho.

En ese collar busqué que fuera algo que envolviera al cuello y no que nada más circundara el cuello y que la presencia de la modelo estuviera en el collar. Para esa pieza utilicé primero chile canica que es muy frágil y por lo tanto un abrazo iba a terminar con el collar, además de que las bolas no era lo que necesitaba para darle presencia al cuello, pensé entonces que necesitaba algo largo. Después experimenté con el chile de árbol seco que seguía siendo corto hasta que encontré el chile que se adecuo a la idea.

En ocasiones tengo idea respecto al diseño, pero no encuentro el elemento que me pueda ayudar a darle forma a ese collar, y hasta que no encuentro ese elemento no puedo avanzar porque entonces hago un diseño totalmente divorciado de la idea.

-¿Las formas y caídas de cada pieza admiten más combinaciones?
-Me gusta combinar. Ahora estoy muy metida con las cadenas por la posibilidad de combinar con diversos pendientes y darle juego en diferentes niveles además de los sonidos que puede generar el choque entre las piezas. Hay una semilla que se llama coro de fraile, que es la que utilizan los concheros en las pantorrillas, que produce un sonido opaco que gusta.

Busco que algunos collares huelan, suenen y que sea algo con lo que se pueda jugar. La gente admite que su collar huela, por ejemplo tengo un collar elaborado con café que defino como una sobre dosis de café por el aroma que desprende. Hago collares largos pensando en mujeres altas, pero no es benéfico pensar qué tipo de mujer lo va a utilizar porque acaban adquiriéndolos otro tipo de mujeres y las pretensiones se pierden.

Pieza confeccionada con maíz y un dije antiguo

Con la combinación de semillas he buscado darle un distintivo. El collar de café lo combiné con un dije que compré en un bazar de antigüedades, tiempo después fui al mismo bazar y encontré los aretes, pensé que era para mí. Pero como este collar, tengo algunos otros en los que las caídas y pliegues se modifican de acuerdo al vestuario de quien lo utilice. De esa manera un sólo collar se combina de diferentes maneras y admite diversas formas además de que se presta a que la persona comente los olores que acompañan o distinguen la pieza.

El diseño lo determina la confección misma de la pieza

-¿Complementas el diseño de joyería con piezas que contienen un valor artístico e histórico por si mismos como las antigüedades?. ¿Qué pretendes con esto?
-Hacer un collar único porque nadie más va a tener un collar con ese mismo dije, además de que el diseño lo determina la confección misma de la pieza, pero el distintivo ola estrella del collar es aquella pieza antigua.

-¿Consideras, al elegir de entre las antigüedades, la época o procedencia de las piezas?
-No tanto porque los anticuarios no conocen la procedencia de las piezas, quizá sí te orientan respecto a dónde poder encontrar algunas piezas similares, es decir su trabajo consiste en escarbar hasta en tiraderos para recoger algunas piezas pero no se involucran en conocer el origen de las piezas.

Lo que me mueve, más que conocer a qué época perteneció, es imaginar a quién habrá pertenecido. Por eso me animo a buscar durante horas imagen por imagen en los tianguis de antigüedades, hasta encontrar la pieza que considero correcta para mis collares.

La combinación de los collares también depende de la pieza que encuentro. Por ejemplo, tengo un collar que está constituido en parte por piedras de turquesa y el resto de frijol colorín en el que la parte importante recaería al centro y dependía de la pieza que encontrara. Por lo tanto, tenía que encontrar algo que hiciera del collar una pieza entrañable.

Caracoles, granate y un corazón de plata son los elementos de esta pieza

El dije que completó ese collar ya lo había visto en el bazar, sin embargo, lo dejé ir y cuando me pidieron el collar en automático me remití a esa pieza que es un porta retratos hecho en plata con forma de corazón que traté de sustituir o supuse sustituir con otro dije que descompensaba el cuerpo del collar motivo que definió la conclusión del pectoral.

Hay veces que compro los dijes o los elementos por su forma y porque me gustan sin saber exactamente para qué los quiero. En ocasiones tengo algo bien definido y decido qué de lo que guardo le va.

En cuanto a las épocas es difícil determinarlas porque en la joyería hay diseñadores y orfebres que trabajan la plata con un detalle de antigua, aunque sea completamente actual, y te das cuenta hasta que observas la plata y caes en cuenta de que no se trata de un objeto viejo sino que ha sido trabajado para darle ese detalle como el pavonado en la plata.

Por otra parte en lo personal no me gusta limpiar la plata, la prefiero tal cual la encuentre, porque aprecio lo viejo por la variedad de historias que te orilla a imaginar. Al final de cuentas son historias muy personales de acuerdo a las cosas que encontramos.

-¿Cuál consideras es la relación entre los objetos antiguos, el arte y la confección o diseño de joyería. Por qué las antigüedades te remiten al arte o periodos del arte?
-Básicamente me gusta mucho combinar las épocas, justamente hacer un collar anacrónico sin situarlo en ningún periodo y combinar elementos actuales con accesorios antiguos tampoco determina una época precisa. Conozco que es antiguo porque lo compré en las antigüedades pero no significa que represente un periodo, porque puede ser antiguo de hace diez años o de hace cinco o veinte.

Pero en el caso de piezas que de acuerdo a su elaboración, como la filigrana, ayudan a determinar una época, que es lo que me permite jugar con la temporalidad en las piezas porque sé que son dijes que no voy a volver a encontrar, que es un elemento que enriquece a la pieza.

Gorguera de amatistas

Jugar con las formas, las texturas, los colores se conjuga con la plástica

-¿Qué relación hay entre el diseño y elaboración de joyería con el trabajo del artista plástico?
-Encuentro que el jugar con las formas, las texturas, los colores o elaborar los dijes con plastilina epoxica y modelar y pintar el dije se conjuga con la plástica. Todo está ligado al jugar con los colores, texturas, con formas por supuesto que se asemeja a la plástica. Por ejemplo el color es un elemento importante porque hay colores que a la gente le parecen demasiado contrastantes.

A veces, creo que la mujer mexicana no está muy preparada para decidir combinaciones de colores poco usuales e incluso hay quienes se sorprenden al ver combinaciones de colores como el morado y el verde que para mí es completamente normal y para alguien más no, y que son colores que he visto en la paleta de colores de Roger Von Gunthen, un pintor que no se pregunta “¿quedará bien armonizado mi cuadro? por aquí estoy metiendo un verde al lado del rojo”, no se cuestiona simplemente acepta combinación de colores y formas.

-¿Consideras estar influenciada por algunos pintores ya que refieres a Roger Von Gunthen?
-Creo que de él, me gusta mucho Joy Laville, Leticia Vieyra, que es una artista que trabaja con elementos orgánicos, característica que me acerca mucho a ella porque antes de que me dedicara a hacer joyería estuve bastante tiempo en su taller. Entre las cosas que recuerdo que elaboraba estaban unos biombos hechos con corteza de árbol que la artista intervenía, me encantaba su atrevimiento al pintar las cortezas y que tuvieran movimiento postradas en la pared. Sí, siento esa influencia. Fernando Baena, mi marido, tiene también un colorido al momento de pintar que es demasiado vivo, alegre, atrevido; eso me gusta, jugar con los colores, las texturas, que las piezas tengan movimiento; es como hacer instalaciones en los collares.

-¿Entre tus diseños hay algunos con los que se pueda construir una galería de acuerdo a los materiales que los conforman y en los que se reconozca al diversidad y las aristas que se pueden encontrar en tus diseños?
-Construir no, por no estar pasiva en un lugar por eso es que tampoco pongo una tienda, siempre me ando moviendo por todos lados; disfruto agarrar mis cosas e ir por la vida para llevarlas a vender. Sí, me gustaría formar parte de un colectivo porque se me antoja trabajar con diseñadores muy locos como Héctor Terrones y hacer cosas muy a la vanguardia, que serían únicamente para los desfiles, porque son cosas que nadie compraría para ir a un coctail, aunque considero que Terrones tampoco diseña para ir un día al cine, sino más bien lo hace para que la gente reconozca lo innovador que es y quizá se lo compre Kenni y los eléctricos.

Se me antoja trabajar con gente talentosa. Conozco a muchos diseñadores de moda con los que me gustaría trabajar en conjunto, no solamente aportando la joyería sino trabajar en el intercambio de ideas tanto en el diseño de vestuario como de joyería con la finalidad de hacer algo muy compenetrado.

Leticia Vieyra luce una gargantilla con dije antiguo de plata

La televisión mexicana ha sido mi escaparate

-El trabajo como diseñadora ha pasado a ser una forma de vida, ¿cuáles son tus vías de comercialización?
-Caí en las redes de televisa y televisión azteca, y para equilibrar el ambiente comercial con el cultural me metí a canal 22 a diseñarle a Laura García para la dichosa palabra. La gente del medio como amigas actrices de cine y teatro, productoras, han sido mi fuente de ingreso, cosa que me gusta mucho porque son personas más atrevidas que una mujer que está en la oficina. Mi foco ha sido trabajar en las televisoras y vender lo collares para programas de la televisión mexicana, me gusta porque al mismo tiempo es un escaparate.

Soy completamente desconocida, sin embargo, hay algunas personas que sí ubican mis collares y me cuestionan si elaboré tal collar que utilizó fulanito de tal en tal programa, y lo reconocen por la línea que manejo. No soy tan conocida como cualquier otro diseñador como Daniel Espinosa, Gustavo Helguera y otros que ya se reconoce más su nombre y donde se presenten venden sin problemas. Pueden hacer un collar muy sencillo y venderlo en 10 mil pesos y se lo compran.

En mi caso, mi tarjeta de presentación ha sido mi trabajo y mucha humildad para empezar de cero con cada mujer nueva que conozco. Creo que voy lenta porque lo que quisiera es exponer, tener renombre, formar un catálogo, y ser la estrella de las pasarelas, pero tengo que ser humilde y estar ubicada perfectamente en mi lugar y saber que todo llega a su tiempo y no anticiparme a las cosas. No hay de otra; vamos, no tengo ni diez años en esto.

Empecé sola porque una buena parte de mi trabajo ha sido ser autodidacta, no estudié joyería con algún diseñador sino con un artesano que me enseñó desde cómo cerrar un collar hasta cómo elaborar artesanalmente los broches, los ganchos para los aretes y de ahí al mundo a hacer camino, y de ahí como puedo que no es cosa fácil.

-¿Qué te ha hecho falta para poder despuntar en el mercado?
-Lo que te da el nombre en el medio son las exposiciones, no hay de otra porque aunque saque un catálogo, la difusión aún va a ser difícil. Considero que debe de haber un trabajo en conjunto, que sería hacer una exposición en la que en un libro se hable de la trayectoria y nada más. Después de una primera exposición viene la otra y la otra.

-Del trabajo que has desempeñado ¿qué es lo que más gusto te ha dejado, entre la comercialización y la satisfacción de lograr una pieza que se gestó a su tiempo?
-Todo en conjunto. Hay collares que me cuestan mucho trabajo al plasmar las ideas, hay collares que los tengo perfectamente en mente pero que al llevarlo a la materia las piezas no corresponden, se bajan más de lo pensado; en la imaginación están perfecto, pero cuando lo llevo a cabo me cuesta mucho trabajo. Ha habido otros que los termino de volada, pero esos collares que me cuestan días y que no se dejan y voy contra reloj porque me los están solicitando. Cuando lo termino, se puede morir el mundo y yo soy feliz.

Pectoral elaborado con semillas de color y una caja de cerillos

Poco tengo presente que por eso voy a cobrar, cuestión que pasa a segundo plano porque lo más relevante fue que me hizo sudar y ni por más vueltas que le daba no colgaba como yo quería. Hay otras veces que lo que cobro poco tiene que ver con lo que sufrí al elaborarlo; no puedo decirle a la gente que el valor aumentó porque me clavé el alambre en los dedos y al estar a punto de terminar se me terminó el material y tuve que comprar más, porque eso no le importa, lo que le importa es el precio y si sufrí o no, qué importa.

Me gusta que la gente compre mis piezas, pero la satisfacción más grande es reconocer en el maniquí lo que había pensado y decir es esto lo que quería y al venderlo defiendo su valor con sangre, y bueno, cuando me pagan soy feliz y todos lo demás. Aunque hay algunas piezas de las que me cuesta desprenderme, porque la gente no las valora tanto como el artista.

Entonces ver que lo que traía en mente sí corresponde lo tangible con lo intangible y cuando lo muestras la gente te dice: “te quedó de poca madre”, con eso me quedo.

Me gusta trabajar lo que estoy haciendo y considero que aprendí que tienes que saber leer perfectamente qué estado es el que más te llena, aunque estés a la mitad de tu vida. Hace seis años descubrí el mundo de la joyería y hasta poco antes pensaba que era feliz haciendo teatro y cine; por eso salí de casa para defender lo que tanto me gustaba, me pagué la carrera de teatro y sentía que quería morirme en el escenario.

Cuando descubrí la joyería me di la oportunidad de retomar la vida desde otra manera. Hay veces que vamos por la vida creyendo que somos felices en algo y hasta que encontramos lo que nos mueve desde el corazón descubrimos que eso es. Tenemos tan presente la edad que al estar a la mitad de la vida decimos, cómo me voy a permitir cambiar, dar el giro y dedicarme a otra cosa, qué les voy a decir a mis compañeros de teatro, qué voy a decirle a mis maestros.

Los primeros años no quería encontrarme a mis compañeros porque era decirles: “ya no estoy haciendo teatro, estoy diseñando joyería”, igual a fracaso, no significa fracaso. Lo que sí creo que es un mayor fracaso es empecinarte a hacer lo que crees que te hace feliz a darte la oportunidad de realmente ser feliz.

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